El camino de las estrellas
Nos hubiera gustado caminar bajo las estrellas , seguir la Vía Láctea como brújula de antiguos peregrinos, pero el clima, ese insobornable mensajero de estaciones, dio al traste con nuestra primera intención.,de modo que la lluvia anunciada el día anterior, nos vistió de impermeable y los paraguas cumplieron la doble función de bastones y sombrillas de agua.
En la antiquísima diócesis de Tuy, encaminamos nuestros primeros pasos desde la catedral de Santa María, previo sellado de credenciales, y encaramos calles de antiguos granitos, imaginando laberintos de voces lejanas, ecos de cantos gregorianos escondidos en las fisuras de las ventanas del convento de las Encerradas. Olfateamos los humos que las chimeneas desprendían al romper el día y seguimos por angostos pasadizos con restos de orines en las esquinas y oscenos graffiti pintados en las paredes como reclamo de un tiempo que ya no les pertenece.
El trazado de las calles de esta parte de la villa, serpentea hasta la ribera del río Miño que baja majestuoso a nuestros pies, regalándonos sonidos del agua y aromas de fangos y líquenes húmedos. La incalculable riqueza de este paisaje es un regalo para los sentidos.

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