domingo, 28 de noviembre de 2010








El camino de las estrellas

Nos hubiera gustado caminar bajo las estrellas , seguir la Vía Láctea como brújula de antiguos peregrinos, pero el clima, ese insobornable mensajero de estaciones, dio al traste con nuestra primera intención.,de modo que la lluvia anunciada el día anterior, nos vistió de impermeable y los paraguas cumplieron la doble  función de bastones y sombrillas de agua.
En la antiquísima diócesis  de Tuy, encaminamos nuestros primeros  pasos desde la catedral de Santa María, previo sellado de credenciales, y encaramos  calles de antiguos granitos, imaginando laberintos de voces lejanas, ecos de cantos gregorianos escondidos en  las fisuras de las ventanas del convento de las Encerradas. Olfateamos los humos que  las chimeneas  desprendían  al romper el día y  seguimos por  angostos pasadizos  con restos de orines en las esquinas y     oscenos  graffiti   pintados  en las paredes como reclamo de un tiempo que ya  no les pertenece.
El trazado de las calles de esta parte de la villa, serpentea hasta la ribera del río Miño que baja majestuoso a nuestros pies, regalándonos sonidos del agua  y aromas de fangos y líquenes húmedos. La  incalculable riqueza de este paisaje es un regalo para los sentidos.

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