lunes, 29 de noviembre de 2010


 El convento de Santo Domingo subraya la belleza de la sencillez, los trazos  del gótico mendicante que hacen honor a sus aspiraciones de vida simple y  a  un más que evidente arcaismo semejante al románico.

Detrás de estos muros, imaginamos adoctrinamientos que pretendían contrarrestar la influencia de los herejes con  la desviación de su interpretación del dogma católico.Imaginamos también los claustros como auténticas aulas de ciencia  y centros importantísimos de la vida de la época y nos vemos inmersas en aquella grandiosa película  " El nombre de la Rosa".
 





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