Los peregrinos estampan sus huellas en las hojas húmedas del camino; vislumbran el horizonte entre la frondosidad del bosque gallego y siguen sin detenerse impulsados por la fuerza de un destino. Buen camino! se saludan al pasar y nosotras nos dejamos llevar por la belleza de cada vuelta de la esquina, por la fragancia de las aldeas, muchas de las cuales se han convertido en auténticos monstruos de cemento y mal gusto.El paisaje humano que nos sale al encuentro, se mantiene mucho más acorde a lo que les toca vivir y saludan con amabilidad y franqueza.A veces ,si tienes disposición para hacer una pausa y te sientes interesada por las historias de estos hombres y mujeres, acaban dándote valiosa información de las casas solariegas, de los pazos cercanos o simplemente del modo en que entretienen su tiempo despues de las pesadas labores del campo.Hay incluso quien te invita a comer con un alarde de generosidad poco usual en los tiempos que corremos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario